El sector del gaming no para de crecer y, con él, también lo hacen las amenazas digitales. El mayor volumen de negocio, una base de usuarios muy joven y la incorporación de tecnologías cada vez más avanzadas han convertido el ecosistema del videojuego online en un entorno especialmente atractivo para el fraude, la suplantación de identidad y el robo de datos.
El impacto económico y social de los videojuegos
Datos. La Asociación Española del Videojuego (AEVI) indica, en su informe ‘La industria del videojuego en España’, que en 2024 el videojuego facturó 2.408 millones de euros. Y, que hubo 22 millones de jugadores, convirtiendo a nuestro país en el tercer mercado en Europa para este sector.
Datos. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025, elaborada por el Ministerio de Cultura, señala el peso cada vez mayor del gaming en buena parte de la población española. Con una implantación especialmente fuerte entre los jóvenes y con diferencias claras por sexo y edad. El Ministerio resume, por ejemplo, que los hombres juegan más videojuegos que las mujeres, y concreta que el 27,3% de ellos juega al menos una vez al mes frente al 11,8% de ellas.
Los datos nos sirven para dibujar un mapa claro del lugar que ocupa el videojuego en la economía digital española. Mueve volumen de negocio, tiene peso de consumo masivo y su canal online ya domina el mercado. Además, no se limita a la venta de juegos. Incluye consumo en plataformas online, apps y suscripciones multiplayer. Esto conecta directamente con la economía de plataformas, los pagos digitales y los modelos recurrentes de suscripción.
Impacto económico en el gaming
“Este alcance económico y social amplía la superficie de exposición al riesgo”, dice Hervé Lambert, Global Consumer Operation Manager de Panda Security. Quien explica que “cuanto mayor es el peso de negocio, el número de jugadores y la dependencia del canal online, mayor es el incentivo para que los ciberdelincuentes, estafadores y actores abusivos concentren ahí sus esfuerzos”. Porque, más allá del ocio, “el videojuego es también un entorno de pagos digitales, identidades conectadas, economías virtuales, chats, marketplaces y suscripciones. Y, cada uno de esos puntos abre una posible puerta de entrada al fraude, al robo de cuentas, al phishing, a las estafas con objetos virtuales o a la captación de información personal”, señala el experto.
Salud digital y seguridad de los menores
Y cuando los jugadores son menores de edad, el impacto va más allá de la pantalla. “Puede afectar a su privacidad, a su bienestar emocional y a la seguridad digital de sus familias. Especialmente cuando comparten dispositivos, métodos de pago o cuentas vinculadas”, recuerda Lambert.
Hablar de ciberseguridad en el sector del videojuego no se limita a una cuestión técnica, sino también a un tema de salud digital. Una salud especialmente delicada en aquellas personas con menos experiencia en seguridad online, que, además, utilizan el gaming para interactuar y socializar. Y bajan la guardia. “De ahí que, en la práctica, estas amenazas no se perciben como tales”, apostilla Lambert. Un enlace enviado por un “amigo” en el chat del juego, una web que promete recompensas gratuitas o un supuesto soporte técnico que pide verificar una cuenta son situaciones habituales que forman parte de la experiencia diaria de millones de jugadores. “Y ahí reside parte del problema”, apunta el experto de Panda Security, porque “el engaño se integra en el propio entorno del juego”.
En el caso de los menores, además, el componente social del videojuego juega un papel clave. La confianza en otros jugadores, la presión por obtener recompensas o la urgencia por no quedarse atrás dentro del juego pueden favorecer decisiones impulsivas. Esto no solo incrementa el riesgo de fraude, sino que también puede derivar en situaciones de acoso, manipulación o exposición indebida de información personal.
Por eso, la prevención pasa necesariamente por un enfoque compartido. Los jugadores deben adoptar hábitos básicos de ciberseguridad. Además, las plataformas deben reforzar sus mecanismos de protección y las familias implicarse en la educación digital de los más jóvenes.
Fraudes impulsados por IA
“Sin embargo, cuando en la ecuación entra la inteligencia artificial cambia por completo el tablero”, avisa Lambert. “Porque los avances en esta tecnología están permitiendo a los atacantes perfeccionar sus técnicas, haciendo que los fraudes sean cada vez más creíbles y personalizados”. Mensajes sin errores, páginas falsas prácticamente idénticas a las originales o incluso bots capaces de mantener conversaciones en tiempo real reducen las señales de alerta tradicionales.
“El usuario ya no se enfrenta a errores evidentes o mensajes sospechosos como ocurría hace unos años. Hoy el fraude es mucho más sofisticado y, en muchos casos, indistinguible a simple vista”. Advierte el experto de Panda Security.
Cómo está cambiando la IA estas amenazas
La inteligencia artificial no ha inventado nada nuevo, “no ha creado nuevos tipos de fraude”. AApunta Lambert. “Pero sí está transformando la forma en la que se ejecutan”.
IA y estafas con objetos virtuales
En el caso de las estafas con skins y objetos virtuales, la IA permite generar páginas falsas prácticamente idénticas a las originales en cuestión de minutos. “Estamos hablando de clones casi perfectos que replican interfaces, logos y flujos de inicio de sesión”, advierte el directivo de Panda Security. Además, los mensajes promocionales ahora están mejor redactados, personalizados e incluso adaptados al juego concreto del usuario.
IA y robo de cuentas
En el robo de cuentas, la automatización juega un papel clave. Herramientas impulsadas por IA permiten probar combinaciones de credenciales filtradas de forma más eficiente y, sobre todo, perfeccionar la ingeniería social. Los atacantes pueden analizar perfiles públicos, historial de juego o interacciones para construir mensajes mucho más convincentes y dirigidos.
IA y phishing
El phishing en plataformas de juego es uno de los ámbitos donde más se nota este salto. Los correos o mensajes que simulan ser de Steam o Epic Games ya no contienen errores gramaticales ni inconsistencias evidentes. La IA permite generar comunicaciones coherentes, con tono corporativo y adaptadas al entorno del usuario. Incluso empiezan a aparecer bots capaces de mantener conversaciones en tiempo real dentro de chats o servicios de mensajería, aumentando la sensación de legitimidad.
IA y malware
En cuanto al malware disfrazado de mods o cheats, la IA facilita tanto su distribución como su evolución. “Los ciberdelincuentes pueden generar múltiples variantes de un mismo archivo malicioso para evitar su detección por sistemas de seguridad tradicionales”, subraya Lambert. Además, los propios archivos pueden adaptarse dinámicamente para pasar desapercibidos durante más tiempo en el dispositivo de la víctima.
IA y fraudes en marketplaces y P2P
Por último, en las estafas en marketplaces y transacciones P2P, la IA está impulsando la creación de identidades falsas mucho más sofisticadas. Perfiles con historial creíble, valoraciones simuladas e incluso conversaciones automatizadas permiten a los estafadores ganarse la confianza del usuario antes de ejecutar el fraude.
“El gran cambio”, dice Lambert, “es que el fraude ya no es burdo, sino creíble. La IA está eliminando muchas de las señales que antes permitían a los usuarios sospechar”.
Qué puede perder el jugador
El resultado es un entorno en el que la intuición ya no siempre es suficiente. Detectar un engaño requiere cada vez más atención, formación y herramientas de protección. Especialmente en un contexto como el del gaming, donde la rapidez, la interacción social y la confianza forman parte de la experiencia habitual.
Porque, cuando alguien cae en una estafa de este tipo pierde algo más que el juego. “Puede perder dinero, información personal, el acceso a otras cuentas vinculadas como el correo electrónico o las redes sociales. También puede convertirse en potencial víctima de acoso o extorsión y el impacto emocional, especialmente en menores, es notable”. Avisa Lambert.
Pero las consecuencias no siempre son inmediatas ni evidentes. En muchos casos, el impacto se extiende en el tiempo. Una cuenta comprometida puede ser utilizada para lanzar nuevos ataques a otros jugadores, enviar enlaces maliciosos o participar en esquemas de fraude más amplios. Convirtiendo a la víctima en un eslabón más dentro de la cadena.
Además, cuando hay métodos de pago asociados, el riesgo económico puede ir más allá de una compra puntual. Suscripciones activas, tarjetas vinculadas o monederos digitales pueden ser utilizados sin conocimiento del usuario. Generando cargos recurrentes difíciles de detectar a corto plazo.
Impacto psicológico en menores
En el caso de los menores, la situación adquiere una dimensión adicional. No solo por la pérdida material, sino por la dificultad para identificar el engaño y gestionar sus consecuencias. La vergüenza o el miedo a reconocer lo ocurrido pueden retrasar la reacción, lo que amplifica el daño. “Muchos menores no comunican el incidente de inmediato, lo que da más margen de actuación al atacante”, añade Lambert.
A esto se suma la pérdida de confianza. Cuando una experiencia de ocio se convierte en un problema de seguridad, el impacto también es emocional, y se rompe la percepción de control sobre el entorno digital.
Cómo protegerse
De ahí que sea básico aprender a protegerse. Para ello, “los jugadores siempre deben activar la autenticación en dos factores (2FA), evitar reutilizar contraseñas, desconfiar de enlaces o de ofertas demasiado buenas. Además de descargar contenido sólo de fuentes oficiales, no compartir nunca las credenciales con nadie. Y, revisar la URL antes de iniciar sesión”. Aconseja Lambert.
Para padres y educadores es fundamental entender que los menores tienen que adquirir una buena formación digital desde edades tempranas. “Supervisar las plataformas y juegos utilizados, explicar los riesgos de hablar con desconocidos online y configurar controles parentales”.
Y, para las empresas y las plataformas es imprescindible “implementar sistemas antifraude avanzados, detectar y comportamientos sospechosos mediante IA. Además de mejorar la comunicación sobre riesgos a los usuarios y facilitar mecanismos de recuperación de cuentas”.