En 2007, después de ver que su hija desarrollaba una relación poco saludable con un videojuego, Bill Gates fijó un límite de tiempo en el uso que ésta hacía de los dispositivos electrónicos. Más tarde el cofundador de Microsoft establecería como política familiar no permitir que los niños tuvieran teléfono propio hasta los 14 años. De manera similar, cuando un periodista del New York Times preguntó a Steve Jobs en 2010 qué pensaban sus hijos del nuevo iPad, el CEO de Apple contestó “no lo han usado; limitamos la cantidad de tecnología que nuestros hijos utilizan en casa”.

En una encuesta realizada el pasado año por la Silicon Valley Community Foundation entre 907 padres de la zona quedó reflejado que los trabajadores de la industria informática tienen serias reservas sobre el impacto de la tecnología en el desarrollo psicológico y social de los niños. Eso sí, los encuestados aclaraban tener amplia confianza en los beneficios generales de la tecnología. No obstante, en los últimos años numerosos ex empleados de los gigantes tecnológicos -algunos de ellos fundadores – han venido denunciando en público la incesante batalla que las empresas libran para crear productos cada vez más absorbentes y adictivos. La prensa y la industria los ha bautizado como refuseniks de Silicon Valley.

Las empresas saben que cuanto antes fidelicen a un usuario, más posibilidades tienen de convertirlo en un cliente a largo plazo. Y son precisamente los más pequeños los que se encuentran en una situación más vulnerable ante esta presión para pasar cada vez más tiempo frente a la pantalla. En Estados Unidos la edad media a la que los niños obtienen su propio teléfono inteligente está en los 10,3 años, mientras que en España la mayoría de menores obtiene su primer smartphone a los 11 (un 42,2%, según datos del Instituto Nacional de Estadística).

Teniendo en cuenta estos resultados, no es extraño que centros educativos como Steiner Waldorf se hayan convertido en particularmente populares entre los ejecutivos de Silicon Valley y sus homólogos británicos. Estos colegios, que excluyen el uso de pantallas en la educación antes de los 12 años, favorecen la actividad física, el arte y el aprendizaje experimental. De los más de 160 centros Waldorf de EEUU, 40 están situados en California, a proximidad de la mayoría de cuarteles generales de las empresas tecnológicas.

Desconexión y escuelas sin tecnología

El boom de los smartphones en la última década ha dado pie a nuevas investigaciones sobre los efectos de la tecnología en el aprendizaje y su capacidad de convertirse en una adicción. Como conclusión, la mayoría de asociaciones dedicadas a la salud infantil desaconsejan que los niños utilicen pantallas durante los primeros dos años de vida. Después de ese plazo recomiendan que no sea más de una o dos horas al día, así como no colocar dispositivos en las habitaciones de los adolescentes y hacer cumplir horarios y toques de queda para comer y acostarse.

En el Reino Unido, el National Institute for Health and Care Excellence ha recomendado recientemente poner en práctica días de desconexión digital -sin televisión, ordenador ni dispositivos móviles- o limitar el uso a menos de dos horas al día, en una iniciativa enfocada fundamentalmente a problemas de salud pública derivados del sedentarismo, como el sobrepeso.

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