San Francisco, una de las capitales de la revolución tecnológica, ha decidido prohibir la utilización de software de reconocimiento facial por parte de la policía. La acción convierte a la ciudad californiana en la primera gran urbe del país en bloquear una herramienta a la que cada vez recurren con más frecuencia las agencias de seguridad para tareas de búsqueda e identificación de criminales.

Así, la medida prohíbe a cualquier investigador de la ciudad el recurso a la tecnología de reconocimiento facial o de información obtenida por ningún proveedor externo que utilice este sistema (por ejemplo empresas o entidades bancarias). Forma parte de un paquete legislativo más amplio, concebido para regular el uso de medidas de vigilancia dentro de los límites municipales y estipula que las entidades locales crearán políticas específicas para regular el uso de estas herramientas.

El debate que ha precedido a esta votación ha sido particularmente tenso en una ciudad con una larga historia de protestas y lucha por las libertades civiles, pero que al mismo tiempo está viendo un repunte en los delitos contra la propiedad. Tal vez por este motivo se han incluido algunas exenciones, entre ellas una que abre una vía a la fiscalía para reclamar datos biométricos -con mandato judicial- si los requisitos de transparencia sirven de barrera para sus investigaciones.

Precisamente los políticos y organizaciones críticos con la medida sostienen que en lugar de prohibir, la ciudad debería estar buscando fórmulas para elaborar reglamentos que reconozcan la utilidad del reconocimiento facial. Recientemente los cuerpos de seguridad de Maryland se sirvieron de esta tecnología para ayudar a identificar al sospechoso en el tiroteo en un periódico de Annapolis, en el que murieron cinco personas en junio de 2018. La Asociación de Oficiales de la Policía de San Francisco ya ha afirmado que considera que la prohibición va a obstaculizar el trabajo de sus miembros para investigar delitos.

Tecnología cada vez más presente

En los últimos años, la tecnología de reconocimiento facial se ha ido extendiendo, impulsada por notables mejoras técnicas gracias a la computación en la nube, el aprendizaje automático y las cámaras digitales de alta precisión. Esto ha abierto la puerta a nuevas funciones para los usuarios de smartphones, como desbloquear los dispositivos, etiquetar y clasificar fotos y, en un futuro cercano, podrían utilizarse para pagar compras o abrir las cerraduras de la casa.

El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos ya utiliza este sistema en muchos aeropuertos y puertos marítimos para identificar demandantes de asilo. A nivel privado, la estrella del pop Taylor Swift ha incorporado esta tecnología en uno de sus espectáculos, utilizándola para ayudar a identificar a los acosadores.

No obstante, los activistas a favor de la protección de la privacidad vienen expresando dudas por los posibles usos abusivos que las autoridades podrían dar al reconocimiento facial, al que ven como un caballo de Troya para sistemas de vigilancia opresivos. Prohibiciones similares están siendo consideradas en otras ciudades norteamericanas, incluyendo la vecina Oakland. En Massachusetts, un proyecto de ley a nivel estatal aspira a poner una moratoria en varios sistemas de vigilancia biométrica. A nivel nacional, otro proyecto legislativo presentado el pasado mes de mayo en Washington pretende impedir que los datos sobre reconocimiento facial recopilados por empresas puedan ser almacenados y compartidos para identificar o rastrear a los consumidores sin su consentimiento, aunque deja en el aire la posible utilización por parte del gobierno.

Pero los defensores de las libertades civiles en EEUU advierten que el potencial para identificar a las personas a distancia -o en línea- de la vigilancia facial sin ningún consentimiento presenta riesgos inherentes, como los falsos positivos y amenaza la capacidad de los ciudadanos para asistir libremente a protestas políticas o simplemente para realizar sus actividades privadas de manera anónima. Evocan escenarios similares que ya están ocurriendo en China, donde el reconocimiento facial se está utilizando para monitorizar de cerca a la minoría musulmana uigur, y que se está integrando un sistema panóptico digital nacional alimentado por unos 200 millones de cámaras de vigilancia.

No obstante, los activistas a favor de la protección de la privacidad vienen expresando dudas por los posibles usos abusivos que las autoridades podrían dar al reconocimiento facial, al que ven como un caballo de Troya para sistemas de vigilancia opresivos. Prohibiciones similares están siendo consideradas en otras ciudades norteamericanas, incluyendo la vecina Oakland. En Massachusetts, un proyecto de ley a nivel estatal aspira a poner una moratoria en varios sistemas de vigilancia biométrica. A nivel nacional, otro proyecto legislativo presentado el pasado mes de mayo en Washington pretende impedir que los datos sobre reconocimiento facial recopilados por empresas puedan ser almacenados y compartidos para identificar o rastrear a los consumidores sin su consentimiento, aunque deja en el aire la posible utilización por parte del gobierno.

Pero los defensores de las libertades civiles en EEUU advierten que el potencial para identificar a las personas a distancia -o en línea- de la vigilancia facial sin ningún consentimiento presenta riesgos inherentes, como los falsos positivos y amenaza la capacidad de los ciudadanos para asistir libremente a protestas políticas o simplemente para realizar sus actividades privadas de manera anónima. Evocan escenarios similares que ya están ocurriendo en China, donde el reconocimiento facial se está utilizando para monitorizar de cerca a la minoría musulmana uigur, y que se está integrando un sistema panóptico digital nacional alimentado por unos 200 millones de cámaras de vigilancia.

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