A medida que los esc谩ndalos en torno a Facebook se acumulan, la reacci贸n contra los gigantes tecnol贸gicos se acelera a un ritmo vertiginoso. Y el alegato contra las multinacionales del Big Data no se queda en el uso irresponsable de la informaci贸n personal: se les acusa de explotar su poder de monopolio para acabar con la competencia, de contribuir a la difusi贸n de noticias falsas y de promover la dependencia de las redes sociales. Mientras que Europa ha intentado corregir estos excesos, al otro lado del Atl谩ntico Washington ha tomado una postura pasiva, con un poder pol铆tico que s贸lo ha reaccionado cuando la legitimidad del sistema electoral se ha visto comprometida.

A finales de este mes de mayo, la Uni贸n Europea implantar谩 definitivamente un conjunto de leyes llamado Reglamento General de Protecci贸n de Datos. A diferencia de Estados Unidos, las naciones europeas s铆 han ido creando normas y entidades para poner l铆mite a los excesos del Big Data. Ahora, la nueva regulaci贸n va m谩s all谩 y crea una norma 煤nica para toda la Uni贸n, para que las empresas clarifiquen c贸mo utilizan la informaci贸n personal de sus usuarios. Asimismo, dota a los ciudadanos de mayor capacidad para restringir la explotaci贸n de los datos, incluyendo el derecho al olvido.

En los Estados Unidos, sin embargo, el boom de Internet coincidi贸 con el esp铆ritu desregulador de los noventa. La debilidad de las leyes y la ausencia de una infraestructura regulatoria propia –no hay una autoridad de protecci贸n de datos– fue la base del 茅xito de empresas como Facebook, apoyadas en un modelo de negocio que implica la eliminaci贸n de la privacidad. Estas plataformas monetizan la informaci贸n dando acceso a compradores de datos y a aplicaciones de terceros, de forma que la atenci贸n y la informaci贸n del usuario son las materias primas sobre las que se sostiene este negocio.

Dificultades

Esta delicada y novedosa materia prima con la que trabajan estas empresas hace dif铆cil la regulaci贸n, incluso cuando existe voluntad de hacerlo. La UE se ha servido de la protecci贸n de la competencia para acabar con algunas pr谩cticas abusivas pero, mientras tanto, las compa帽铆as del Big Data han estado explotando informaci贸n que se utiliza para fines comerciales, electorales y de seguridad. En este sentido, una dificultad adicional aparece para los reguladores de EE.UU: el papel estrat茅gico que algunas de estas empresas juegan en cuestiones de vigilancia como el programa PRISM, un proyecto de seguimiento a empresas y particulares llevado a cabo por Washington y que exige la colaboraci贸n de las tecnol贸gicas.

Otra de las v铆as usadas por la Uni贸n Europea es la de la fiscalidad. Los organismos comunitarios monitorizan desde hace a帽os a grandes firmas que tratan de evitar impuestos, vali茅ndose de todo tipo de argucias legales y alegales. El problema es que, especialmente en tiempos de crisis, algunos estados otorgan ventajas fiscales a compa帽铆as resquebrajando el frente com煤n. Ha pasado con Irlanda y Luxemburgo, por ejemplo.

Primeros casos

Un ejemplo de c贸mo Bruselas est谩 tratando de poner coto al problema es el caso de Google, investigada por diferentes infracciones antimonopolio. La Comisi贸n Europea impuso una multa r茅cord de 2.420 millones de euros el pasado verano por abuso de posici贸n dominante, al favorecer los servicios propios en las comparativas de precios de Google Shopping. Al mismo tiempo, la Comisi贸n ha acusado a Google de abusos en la firma de contratos publicitarios y ha cuestionado la legalidad de exigir la instalaci贸n de aplicaciones predeterminadas a los fabricantes de m贸viles en Android.

Un segundo ejemplo ha sido la multa impuesta a Facebook por proporcionar datos enga帽osos e insuficientes tras la compra de WhatsApp. La cuant铆a se eleva a 110 millones de euros, la m谩s elevada en un caso de este tipo. Una sanci贸n que en Espa帽a tambi茅n ha reproducido la Agencia de Protecci贸n de Datos (AEPD) por el mismo motivo, as铆 como por el tratamiento y utilizaci贸n de los datos. Estos dos ejemplos muestran el que puede ser el camino para que la sociedad pueda controlar el Big Data y protegerse de los abusos de aquellos que se consideran demasiado grandes para la ley.