Ciberataques en serie: el modelo de fraude online que amenaza a autónomos y pymes

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El fraude online funciona como una economía de escala, una suerte de pesca de arrastre que se articula en grandes campañas automatizadas con una tasa…

Panda SecurityFeb 25, 20267 min. lectura

El fraude online funciona como una economía de escala, una suerte de pesca de arrastre que se articula en grandes campañas automatizadas con una tasa de éxito rentable. Ataques que, muchas veces, acaban golpeando a autónomos y pymes, porque cuentan con menos medidas de seguridad. Su vulnerabilidad se pone de manifiesto cuando con un solo clic su actividad puede quedar paralizada, sus cuentas comprometidas y sus pagos desviados.

El fraude online: una amenaza creciente para autónomos y pymes

A principios de 2024, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) emitió un aviso de alta importancia dirigido a empresas, empleados y autónomos que utilizan el correo electrónico, tras detectarse una campaña de distribución de malware que suplantaba a una entidad legítima mediante phishing. Casos como este no son aislados. Forman parte de una estructura cada vez más frecuente de actividad delictiva en la Red. 

Según el Balance de Ciberseguridad 2025 de INCIBE, publicado en febrero de 2026, en España se gestionaron 122.223 incidentes de ciberseguridad durante el pasado año, un 26% más que en el ejercicio anterior. Entre ellos, 55.411 fueron incidencias de malware, incluidos 392 casos de ransomware. Y 45.445 fueron casos de fraude online, de los cuales 25.133 fueron ataques de phishing. Es decir, correos o mensajes falsos diseñados para robar credenciales o datos personales.

Estas cifras oficiales reflejan la presión de campañas masivas de ataques automatizados que abarcan desde el malware hasta el phishing y otros fraudes digitales. Además, organismos internacionales como Microsoft han señalado que, a escala global, plataformas de seguridad bloquean diariamente millones de archivos maliciosos y riesgos de identidad. Una señal de la magnitud de estas operaciones automatizadas que atacan sin dirigirse a una víctima concreta.

Desigualdad de recursos: el eslabón más débil

“Los incidentes crecen en número y en variedad, pero no afectan a todos por igual”, explica Hervé Lambert, Global Consumer Operation Manager de Panda Security. “Los ataques masivos llegan a millones de cuentas, pero quienes más lo sufren son los autónomos y las pymes, porque no cuentan con los mismos recursos que las grandes empresas para protegerse. Una corporación dispone de equipos especializados, monitorización constante y varias capas de defensa. En cambio, una pequeña empresa puede ver comprometida su actividad con un solo correo fraudulento o una contraseña robada”.

Según el Informe de Ciberpreparación 2025 de la aseguradora Hiscox, casi el 60% de las pymes españolas ha sido víctima de al menos un ciberataque en los últimos doce meses. Y, más de la mitad de ellas sufrió hasta 10 incidentes diferentes en ese mismo período. “Estos ataques no son solo una molestia tecnológica”, apunta Hervé Lambert. “Para muchas empresas pequeñas y medianas se han traducido en impactos operativos, financieros y reputacionales“. Explica el experto señalando que el 38% dijo que los incidentes afectaron su rendimiento, el 33% recibió sanciones económicas, y el 29% vio dañada su reputación y relaciones comerciales. Además, aproximadamente un 31% de esas pymes sufrió ataques de ransomware, con la presión añadida de que, incluso pagando rescates (algo que no se debe hacer nunca), solo el 57% logró recuperar parte o la totalidad de sus datos críticos.

“Estos datos confirman lo que vemos a diario”, añade Lambert. “No es extraño que una pyme reciba varios ataques al año, y cada uno de ellos puede poner en riesgo su continuidad”. La clave está en la desigualdad de medios: “Las grandes organizaciones pueden anticiparse y frenar muchos incidentes antes de que causen daños. Un autónomo o una pequeña empresa, con recursos limitados, suele reaccionar cuando el problema ya se ha producido”. Por eso, un ataque que para una gran compañía queda en una incidencia técnica puede traducirse, en un pequeño negocio, en pérdida de ingresos, parones de actividad y elevados costes de recuperación.

¿Quiénes están detrás de estos ataques?

Y lo más irónico de esta situación es que no se trata de ataques sofisticados, “ni campañas de película dirigidas por grupos de hackers con tecnología imposible”, subraya Lambert. Quien, explica que, “en la mayoría de los casos se trata de campañas bastantes simples, basadas en el engaño y en el volumen”. 

Detrás de muchos de estos ataques hay redes organizadas que funcionan casi como una industria. Utilizan programas automatizados para enviar miles o incluso millones de correos y mensajes falsos cada día, con la esperanza de que un pequeño porcentaje de personas caiga en la trampa. “Con que unas pocas lo hagan, el negocio ya es rentable”, apunta el experto de Panda Security. 

En muchos casos ni siquiera diseñan ellos mismos las herramientas. Compran o alquilan programas maliciosos, bases de datos con direcciones de correo y servicios para ocultar su rastro. Todo se mueve en mercados clandestinos donde el fraude se ofrece como un producto más

“Hoy cualquiera con pocos conocimientos técnicos y algo de dinero puede lanzar una campaña de phishing”, señala Lambert. “El problema no es tanto la complejidad del ataque, sino su repetición constante”. La estrategia es sencilla: insistir, probar una y otra vez, y aprovechar cualquier descuido. 

A esto se suma el factor humano. Los delincuentes saben que muchos autónomos trabajan con prisa, gestionan pagos a diario y no siempre pueden detenerse a comprobar cada mensaje. Por eso, sus correos suelen apelar a la urgencia: una factura pendiente, un problema con un envío o una supuesta notificación oficial.

En definitiva, detrás de la mayoría de estos ataques no hay genios informáticos, sino organizaciones que han convertido el engaño en un negocio basado en la cantidad más que en la calidad. Un sistema que no necesita ser brillante para ser eficaz, y que encuentra en los pequeños negocios uno de sus objetivos más vulnerables.

¿Cuáles son los principales ataques?

Los ataques que más afectan a autónomos y pymes responden a ese mismo patrón industrial.

El más habitual es el phishing: correos o mensajes que suplantan a bancos, proveedores o administraciones para robar contraseñas o datos personales. A menudo es la puerta de entrada a problemas mayores.

Muy relacionado con este está el fraude del cambio de cuenta bancaria. El atacante consigue acceder al correo o hacerse pasar por un proveedor y solicita modificar el número de cuenta de una factura. Si no se comprueba por otra vía, la transferencia termina en manos del delincuente.

Otro de los riesgos más graves es el ransomware, un programa que bloquea los archivos del negocio y exige un pago para recuperarlos. En empresas pequeñas, donde toda la información suele concentrarse en pocos equipos, el impacto puede paralizar completamente la actividad.

También crecen las estafas ligadas a sistemas de pago digitales, como falsos comprobantes de transferencia o solicitudes de pago manipuladas que aparentan ser ingresos.

¿Cómo pueden protegerse?

La mayoría de estos ataques comparten un punto débil. “La falta de medidas básicas de protección”, advierte Lambert.

Activar la verificación en dos pasos en el correo electrónico y en la banca online es una de las medidas más eficaces. Aunque alguien robe la contraseña, no podrá acceder sin el segundo código.

Utilizar contraseñas únicas y robustas, preferiblemente con ayuda de un gestor de contraseñas, evita que una filtración comprometa todas las cuentas.

En el caso de pagos y cambios de cuenta bancaria, es recomendable confirmar cualquier modificación de datos bancarios siempre por teléfono, usando un número conocido previamente y/o oficial. 

Mantener los equipos actualizados y realizar copias de seguridad periódicas, almacenadas fuera del ordenador principal o en la nube con protección adicional, puede marcar la diferencia frente al ransomware.

“No se trata de pensar que te van a atacar mañana, sino de asumir que el riesgo existe y actuar con prevención”, concluye Lambert. “En un pequeño negocio, una medida sencilla puede ser la diferencia entre un susto y un problema serio”.