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Qué es la cibercondría y cómo puede poner en riesgo la seguridad online

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Cada vez es más habitual que, ante cualquier duda o preocupación, recurramos a internet en busca de respuestas. Y, acabemos entrando en un bucle de búsquedas que, lejos de tranquilizarnos, aumenta nuestra inquietud. Es lo que se conoce como cibercondría. Un fenómeno que no solo afecta a la salud mental, sino que también empieza a tener consecuencias en nuestra seguridad digital.

La cibercondría: riesgos de buscar información de salud en internet

En mayo de 2020, cuando la pandemia de Covid19 estaba viviendo su momento más álgido, INCIBE alertó de una campaña de smishing con un supuesto test de autoevaluación que dirigía a una web falsa que simulaba pertenecer al Ministerio de Sanidad y al Instituto de Salud Carlos III. Y, desde ahí se empujaba a la víctima a descargar malware. Este caso ilustra claramente el funcionamiento de la cibercondría. Un fenómeno que no ha dejado de crecer en los últimos años. Impulsado tanto por el aumento del uso de Internet como por la creciente tendencia a recurrir al entorno digital para informarse y tomar decisiones relacionadas con la salud.

En España vivimos conectados. En sólo 10 años, el uso de Internet se ha incrementado en casi 20 puntos en la población de 16 a 74 años. Según datos del INE, en 2024 el 95,8% de las personas de esta horquilla de edad ya había usado internet en los últimos tres meses frente al 76,2% de 2014. Además, la salud ocupa ya un lugar central en las búsquedas. En 2024, el 81,4% de la población española de 16 a 74 años realizó alguna actividad relacionada con la salud por internet.

La tendencia también se ve a escala europea y confirma que no estamos ante un episodio puntual asociado a la pandemia, sino ante un cambio de hábito consolidado. Eurostat sitúa en el 58% la proporción de internautas de la UE que buscó información de salud online en 2022, en el 62% en 2023 y en el 63% en 2024. Es decir, incluso después del pico pandémico, la búsqueda digital de síntomas, enfermedades, pruebas, tratamientos o consejos de bienestar siguió aumentando. La propia Organización Mundial de la Salud lleva años advirtiendo de que esta sobreexposición a información sanitaria, la llamada “infodemia”, genera confusión, favorece decisiones de riesgo y mina la confianza en las autoridades sanitarias. Justo el caldo de cultivo en el que prospera la cibercondría.

La digitalización de la vida cotidiana

Buscamos todo en internet, porque se ha convertido en la puerta de entrada más rápida, accesible y siempre disponible a la información”. Explica Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security. Quien advierte también de que esta facilidad de acceso se inscribe en un proceso más amplio de digitalización de la vida cotidiana. “Cada vez es más habitual consultar información sanitaria, buscar bienes y servicios o, incluso, priorizar lo que aparece en la red frente a la consulta con un profesional sanitario”.

Este cambio de hábitos no es anecdótico. Como señala Eurostat, la vida cotidiana en la Unión Europea es cada vez más digital. Entre los usos más frecuentes de internet destacan la búsqueda de información, la compra de productos y la consulta de contenidos relacionados con la salud. Ante este escenario, recurrir a la red antes de acudir a un profesional sanitario, o mientras se espera una cita, deja de ser una excepción y pasa a convertirse en una práctica normalizada. Una conducta que, según datos del INE, es más habitual entre mujeres que entre hombres, y entre edades más avanzadas que entre los más jóvenes.

Cómo surge la cibercondría en el entorno digital

Buscar información de salud en internet no es, en sí mismo, algo negativo. “De hecho, puede resultar útil como complemento a la información proporcionada por profesionales sanitarios, favorecer una mayor comprensión de diagnósticos o tratamientos y fomentar una actitud más activa del paciente”, subraya Lambert. El problema surge cuando esa búsqueda deja de ser puntual y contrastada, y pasa a convertirse en una práctica compulsiva, descontextualizada o basada en fuentes poco fiables.

Es precisamente en ese punto donde aparece la cibercondría. “Este fenómeno se caracteriza por la tendencia a buscar información médica de forma reiterada en internet, lo que puede derivar en un aumento de la ansiedad, interpretaciones erróneas de los síntomas y una percepción distorsionada del propio estado de salud”. Advierte el experto de Panda Security. Lejos de tranquilizar, la sobreexposición a información, “muchas veces contradictoria o alarmista”, apunta Lambert, puede intensificar la preocupación y generar un círculo difícil de romper. “A mayor inquietud, mayor búsqueda; y a mayor búsqueda, mayor ansiedad”, explica.

El impacto de la cibercondría en la ciberseguridad

Pero los riesgos de la cibercondría no se limitan al plano psicológico. También tienen una dimensión clara en términos de ciberseguridad. “La preocupación por la salud convierte a los usuarios en objetivos especialmente vulnerables ante fraudes digitales. Como campañas de phishing o smishing que suplantan a organismos oficiales, clínicas o servicios sanitarios”, asegura el directivo de Panda Security. Tal y como alertó INCIBE durante la pandemia, estos engaños suelen aprovechar el miedo, la urgencia o la necesidad de información para inducir a la descarga de malware o al robo de datos personales.

En este sentido, la cibercondría no solo implica un riesgo para la salud mental, sino que también amplía la superficie de exposición a amenazas digitales. La búsqueda constante de respuestas inmediatas en internet puede llevar a confiar en páginas no verificadas, compartir información sensible o interactuar con contenidos maliciosos. Reforzando así un problema que se sitúa en la intersección entre salud, comportamiento digital y seguridad. 

A ello se suma un factor especialmente sensible: la huella digital que dejan este tipo de búsquedas. Consultar síntomas, enfermedades o tratamientos en internet implica, en muchos casos, compartir información que puede ser utilizada para perfilar al usuario. O incluso para diseñar ataques más personalizados y creíbles. Cuanto mayor es la preocupación por la salud, más eficaz puede resultar un mensaje fraudulento que simule proceder de un servicio médico, una aseguradora o un organismo público. Además, este tipo de prácticas no se limita a la navegación web, sino que se extiende a aplicaciones móviles, tests online o plataformas de diagnóstico. Estas pueden solicitar datos personales o permisos excesivos, ampliando así los riesgos de exposición.

El impacto de la cibercondría en la empresa

Estos riesgos no se limitan al ámbito personal, sino que también pueden trasladarse al entorno profesional. No existen todavía series oficiales que aíslen la cibercondría como categoría específica de riesgo empresarial. Pero, los datos de instituciones como INCIBE, ENISA y el mismo FBI muestran que los ataques basados en ingeniería social siguen explotando el factor humano y afectan de lleno a las organizaciones. “Un empleado que accede desde su dispositivo corporativo a enlaces fraudulentos relacionados con supuestos servicios sanitarios, diagnósticos o alertas de salud puede comprometer la seguridad de toda la organización”, alerta Lambert. Ataques de phishing o smishing diseñados con temáticas sanitarias, especialmente en contextos de alta preocupación, como ocurrió durante la pandemia, pueden facilitar la entrada de malware, el robo de credenciales o accesos no autorizados a sistemas internos.

De este modo, la cibercondría se convierte también en un vector de riesgo empresarial. Aprovecha un factor humano especialmente vulnerable: la preocupación por la propia salud. “Esto refuerza la necesidad de combinar la alfabetización digital en salud con estrategias de ciberseguridad en las organizaciones. Poniendo el foco no solo en la tecnología, sino también en los comportamientos de los usuarios”. Incide Lambert.

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