
La curiosidad natural de tus hijos les puede conducir a
contenidos (textos e imágenes) de carácter denigrante, racista, discriminatorio, sexual, violento... o que les aliente a realizar actividades que pongan en riesgo su integridad psicológica o física.

Por desgracia, ya son bastantes los casos de pederastas que haciéndose pasar por otro niño o un personaje “fantástico” se ganan la confianza de nuestros hijos para mantener conversaciones obscenas y abiertamente sexuales o, incluso, concertar
encuentros en el mundo real.

A través de mensajes de correo, foros o chats, nuestros hijos pueden ser convencidos, engañados e incluso coaccionados para
cometer toda clase de delitos tanto dentro como fuera de Internet.

Nuestros hijos, con el conocimiento de nuestros
datos bancarios o número de tarjeta de crédito, pueden comprar casi cualquier cosa, desde un póster a un coche de lujo o contratar servicios, desde juegos on-line a una vuelta al mundo.

Muchas son las páginas web, mensajes de correo, programas peer to peer que permiten la descarga de todo tipo de ficheros de música, juegos, documentos... el problema es que muchos de ellos, bajo una apariencia inofensiva,
esconden virus o programas que infectan o abren las puertas del ordenador a hackers (que entre otras cosas, pueden robar nuestros datos confidenciales).